¿Sabías que una tradición que hoy reúne a decenas de personas comenzó con una limosna de apenas tres pesos?
En el barrio 5 de Mayo, en Suchiapa, Chiapas, la devoción a
Santa Ana, considerada la abuela de Jesús, ha pasado de generación en
generación gracias a una promesa que una familia decidió mantener viva.
Todo comenzó cuando dos hermanas ancianas, quienes durante
muchos años organizaron la fiesta de la imagen, sintieron que ya no podían
continuar. Entonces le pidieron a la abuelita de la familia que recibiera la
responsabilidad. Antes de entregarle a Santa Ana, le dijeron una frase que hasta
hoy permanece en la memoria:
“La Virgen no pide una fiesta grande; solo pide sus velas,
sus flores, sus rezos y una serenata”.
La entrega de la imagen se hizo de manera simbólica, por una
limosna de tres pesos. Para reunir ese dinero, el abuelo decidió vender su
cosecha de frijol. Así comenzó una tradición familiar que después continuó el
padre de la casa y que, antes de morir, dejó como herencia a sus hijos para que
la celebración nunca desapareciera.
Hoy, Natividad Acero y Ramiro Montejo abren las puertas de
su hogar para recibir a decenas de fieles que llegan a venerar a Santa Ana,
resguardada en un altar lleno de flores y velas.
Mientras tanto, al ritmo de la música tradicional, niños
danzan los Caballitos frente a la vivienda, una manifestación de fe que también
honra a Santiago Apóstol y que recuerda que las tradiciones siguen vivas cuando
hay quienes deciden conservarlas.
Porque las historias más valiosas no siempre comienzan con
grandes riquezas, sino con la voluntad de una familia de mantener viva la
memoria y la identidad de su pueblo.

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