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Juana Catalina Romero, y su presencia en el traslado de poderes a Tuxtla

 


En la historia de Chiapas, el cambio de capital de San Cristóbal a Tuxtla Gutiérrez el 11de agosto de 1892 suele explicarse por razones políticas y geográficas. Sin embargo, entre las versiones más comentadas aparece la figura de Juana Catalina Romero, empresaria zapoteca originaria de Tehuantepec, cuya influencia alcanzó incluso al presidente Porfirio Díaz.

En la charla “134 Aniversario de Tuxtla como Capital del Estado de Chiapas”, organizado por el Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, a través del Instituto Tuxtleco de Arte y Cultura, donde participaron el geógrafo Roberto Ramos Maza y el ingeniero José María López Sánchez, moderados por el cronista Jorge Alejandro Sánchez Flores, se destacó la presencia de Juana Catalina Romero durante este suceso histórico, esto como parte de una de las cuatro versiones del por qué probablemente se trasladaron los poderes de San Cristóbal a Tuxtla Gutiérrez, aunque en el decreto que escribió Emilio Rabasa no informaba del por qué se llevaría a cabo ese cambio.

Por ello, los ponentes comentaron el papel que ocupó Juana Cata, como era conocida: una mujer de gran personalidad, elegante y con fortuna propia. Comerciante incansable que mantenía vínculos con Chiapas a través del comercio de añil, que compraba al bisabuelo del ingeniero José María López Sánchez, para venderlo en Brasil. Su presencia en Tuxtla se debió a que, junto con otros comerciantes del istmo, fundó el barrio de Juchitán o barrio Colón a la orilla del río Sabinal, donde introdujo tradiciones y platillos como las garnachas, que hoy forman parte de la identidad tuxtleca.

“La relación cercana que mantuvo con Porfirio Díaz, marcada por su cercanía, le otorgó un peso político nada menor. Se cuenta que el propio Díaz ordenó que el ferrocarril interoceánico tuviera una parada en la casa de Juana Cata, muestra de su influencia personal”, destacaron.

Por ello, más allá de la leyenda romántica, Juana Catalina Romero representa el papel de las mujeres empresarias y visionarias en la transformación del sureste mexicano. Su memoria permanece viva tanto en Tehuantepec, donde se erige una estatua en su honor, como en Tuxtla, ciudad que celebra 134 años como capital y que reconoce en Juana Cata a una protagonista singular de su historia.

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