En las inmediaciones del Arco del Tiempo, una de las bóvedas naturales más grandes del mundo, situado en el cañón del río La Venta, en el municipio de Cintalapa, Chiapas, expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) documentaron una cueva con 13 depósitos rituales prehispánicos, los cuales albergaban 179 piezas prehispánicas, en lo que constituye uno de los hallazgos arqueológicos más importantes en las últimas décadas en esa región.
La cavidad, denominada cueva Mundo Zoque, fue localizada por
el guía local Jairo Díaz Barreiro, integrante de la Alianza de Empresarios del
Segmento de Naturaleza AC, quien, en enero de 2026, la notificó oportunamente
al Centro INAH Chiapas para su verificación, realizada entre febrero y junio.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia
Curiel de Icaza, destacó que “la protección del patrimonio comienza cuando
existe una relación de confianza entre las comunidades y las instituciones
encargadas de investigarlo y conservarlo. El hallazgo de la cueva Mundo Zoque
demuestra que esa colaboración permite preservar contextos arqueológicos de un
valor excepcional y ampliar nuestro conocimiento sobre las culturas que han
dado forma a la historia de México”.
La acción se inscribió en el proyecto de registro y análisis
de cuevas del cañón del río La Venta, desarrollado por la Dirección de Estudios
Arqueológicos del instituto y dirigido por el investigador comisionado al
Centro INAH Chiapas, Josuhé Lozada Toledo, con la colaboración de la arqueóloga
y escaladora profesional, Martha Arcelia García Sánchez, y del espeleólogo
Gabriel Merino Andrade.
Lozada Toledo explica que la cueva presenta una longitud de
100 metros y su acceso es en extremo agreste, al requerir un descenso en rápel
de más de 10 metros de profundidad, situación que contribuyó a mantenerla
intacta durante los siglos y evitar su saqueo.
Dentro de ella se identificaron los 13 depósitos que
contenían objetos cerámicos, como incensarios, urnas-efigie y cajetes, muchos
con representaciones de jaguares, tecolotes y serpientes.
“En la cosmovisión zoque estos tres animales están vinculados
al mundo nocturno y a las cuevas: el jaguar (kank), simboliza la oscuridad y es
guardián del inframundo y del corazón del monte; el tecolote se asocia con la
noche y la sabiduría, y la serpiente, con la fuerza y el ciclo de la vida y la
muerte”, refiere el arqueólogo.
Uno de los aspectos más sobresalientes del hallazgo es que
los incensarios, decorados con representaciones de las espinas del tronco de la
ceiba –árbol sagrado para estos grupos–, parecen marcar el recorrido ceremonial
al interior de la cueva. Así, luego de atravesar estrechos pasajes, el espacio
se abre en amplias cámaras con estalactitas y estalagmitas, conformando un
escenario natural asociado simbólicamente con el inframundo o ts’uan.
A 30 metros de la entrada se encuentra un sifón, cuyo paso
únicamente es posible durante la temporada de secas, porque en época de lluvias
permanece inundado. Después de cruzarlo se ingresa a dos cámaras ascendentes:
en la primera, ubicada al este, se localizaron concentraciones de cajetes junto
a estalagmitas que fueron modificadas por los antiguos zoques, a fin de darles
un aspecto antropomorfo; la segunda, hacia el sur, contenía conjuntos de
cajetes de distintos tamaños, algunos con mangos-efigie de representación
humana.
El recorrido culmina en una cámara principal donde se
identificaron cinco depósitos rituales con abundante cerámica naranja de pasta
fina. Destaca un sahumador decorado con una cruz que representa los rumbos del
universo o quincunce, símbolo cosmológico mesoamericano. La pieza posee un
mango de 32 centímetros, rematado con la representación de una serpiente con
las fauces abiertas.
Con base en las características tipológicas de la cerámica y
de las representaciones iconográficas, los materiales han sido fechados,
preliminarmente, hacia el periodo Clásico Tardío regional (600–900 d.C.).
De acuerdo con Lozada Toledo, la disposición de las ofrendas
y el contexto de la cueva indican que fue utilizada con fines ceremoniales,
particularmente para rituales propiciatorios de lluvia y fertilidad agrícola, y
no como un lugar de habitación.
Las investigaciones continuarán con nuevas exploraciones, su
registro mediante fotogrametría tridimensional y estudios especializados que
permitirán comprender con mayor precisión la cronología e importancia cultural
del sitio arqueológico.
Asimismo, se contemplan exámenes detallados de las partes
interiores de los objetos cerámicos, los cuales presentan buen estado de
conservación y, probablemente, resguarden residuos químicos, restos de copal,
cenizas o, incluso, huesos humanos.
El registro preliminar de la cueva Mundo Zoque fue posible
gracias al apoyo de las y los pobladores de la comunidad de General Cárdenas, y
al trabajo coordinado del INAH, de la Guardia Estatal de Turismo, encabezada
por Juan Carlos Alfaro Santos, y de la Secretaría de Turismo de Chiapas, por
medio de su titular, Segundo Guillén Gordillo, y de su director de Turismo
Alternativo y Comunitario, Pablo Albores León.

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