Ir al contenido principal



El silencio se rompe cuando el bailarín chiapaneco Gabriel Gómez aparece entre el público. No llega desde el escenario, sino desde los pasillos, buscando las miradas, acercándose a las manos, invitando a un vínculo inmediato, a un acto de libertad. Sus movimientos son lentos, casi tímidos, hasta que poco a poco se transforman en un flujo continuo que envuelve a la sala.

El pulso hipnótico del tecno se escucha en el escenario, que se traduce en movimientos propios de la danza contemporánea y tecno: repeticiones, quiebres y desplazamientos llenos de energía y tensión, mismos que representan pensamientos y sentimientos, con una pregunta central: ¿a quién necesitas tocar hoy? Eso es Toques de amor, una coreografía elaborada por Gabriel Gómez, beneficiario del Programa de Estímulo a la Creación y el Desarrollo Artístico (PECDA) Chiapas, y presentada en el Auditorio General del Centro Cultural de Chiapas Jaime Sabines.

Asimismo, la música tecno se entrelaza con la resonancia cálida de la marimba, creando un puente entre lo contemporáneo y la libertad que produce el instrumento de madera. Ese contraste sonoro sostiene la tensión de Toques de amor, que explora el regreso al origen, la migración y los lazos que persisten a pesar de la distancia.

A través del cuerpo, la música y la memoria, Gómez convierte una experiencia íntima en una reflexión universal sobre el tiempo, la identidad y la necesidad de volver para reconciliarnos con quienes somos y con quienes dejamos atrás. La pieza avanza como un viaje: del gesto mínimo al movimiento expansivo, de lo personal a lo colectivo.

Transforma una historia personal en una reflexión universal sobre el tiempo, la identidad y la necesidad de volver para reconciliarse con quienes somos y con quienes dejamos atrás. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

  La escritora chiapaneca Andrea Amparo Abarca Orozco fue seleccionada en el 9o Concurso Nacional de Cuento Escritoras Mexicanas y Bitácora 52, con el cuento “Lady Di”, bajo el seudónimo Tiricia. La autora compartió sentirse profundamente agradecida y conmovida por los resultados, ya que, como hacedora del oficio, las escritoras buscan que sus creaciones tengan un espacio en donde se les dé la oportunidad de llegar a un público más variado y extenso. Mencionó que el cuento aborda la profunda tristeza del alma, la desilusión y el desgano de la protagonista, una migrante hondureña de 17 años en la frontera sur de México, quien, por la soledad y la falta de oportunidades en su país, decide desplazarse hacia los municipios costeros de Chiapas a orillas del río Suchiate, llámese Frontera Hidalgo, Suchiate, Tuxtla Chico, Tapachula, Metapa o Cacahotán. “La topografía o escenario puede ser cualquiera de esas ciudades. Al final, estas localidades comparten las mismas condiciones climá...

María Elena, mujer Parachico

“Qué bonito el Parachico Cuando sabe bailar Parachico me pediste Parachico te daré” (sic). A la edad de 13 años rompió los esquemas de una tradición. María Elena Cruz Ruiz, quien vivió en el barrio de San Antonio, en la ciudad de Chiapa de Corzo danzaba de Parachico, eso cuenta sentada en su sala, mientras un calor seco parecía pegarse en la piel. Siendo la única hija mujer del seno familiar, con una estatura de un metro 50 centímetros y con la fuerza de lxs Chiapanecas se puso la montera, la máscara, la banda, así como una camisa, pantalón y sarape, y tomó entre sus manos un chinchín, para luego danzar por las calles de los barrios de la heroica ciudad, durante la Fiesta Grande de Enero. El gusto le nació del corazón, este le pedía danzar y celebrar. Y como sus hermanos practicaban esta costumbre, no le pusieron peros a que se sumara, la cuidaban durante el recorrido, mientras repetían vivas, como “Viva San Sebastián Mártir, muchachos; Viva la Mano Protectora, muchachos”. Nadie se dio...

De la madera surge la vida

  Antes de la lluvia, sobre una calle expuesta al sol, está la casa de Antonio López Gumeta, un artesano que le da vida a la madera. De su padre, quien fue mago ilusionista heredó la ilusión y la fantasía, el truco de transformar las cosas. Aunque Antonio no use capa, ni varita mágica, y tampoco trabaje en circos como Unión y Atayde, sitios en donde su padre laboró, él ha hecho de Suchiapa la más grande carpa, el municipio en donde se ingresa y se percata que la magia existe. Al ser el hijo menor, no le tocó esas postales orales de vivencias que su padre compartía con sus primeros hijos. No le tocó ver a ese artista de la ilusión. Sin embargo, Antonio encontró su línea artística, el llamado a la transmutación. Con sólo 10 años escuchó a la madera, a las figuras nacientes y a su corazón. Poco a poco fue conociendo a la madera y este caminando en la palma de sus manos. Hace unos minutos del domingo, abre la puerta e invita que habitemos su hogar. Coloca cerca de su estante sillas de ...