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 Desde una profesionista que practica yoga, una reportera abeja, una loba y un ajolote, María en el país de las anomalías, escrita, dirigida y actuada por Daniela Luna, habla del absurdo, la rabia y el humor en la cotidianidad. Los personajes encarnan conflictos contemporáneos y cuestionan la manera en que las personas conviven con su entorno mediante el trabajo corporal y escénico que realiza Luna.

El unipersonal María en el país de las anomalías, presentado en Casa Conejo Café Cultural, se sostiene en personajes con acentos y personalidades bien definidos. La fresa Marry (su alter ego), materialista y practicante de yoga, decide renunciar a su trabajo; la reportera abeja, con acento español, alerta sobre la desaparición de las abejas y el impacto de la deforestación; la loba, con acento argentino, cuestiona la postura y el comportamiento de los humanos frente a su entorno; y el ajolote, con tono defeño, encarna el misticismo y las proyecciones que las personas depositan en él.

Con humor, crítica y absurdo, la obra enlaza estas voces para hablar de los conflictos contemporáneos y de la manera en que nos relacionamos con la fragilidad ambiental y social que nos rodea. Para la actriz, creadora escénica y artista circense Daniela Luna, la comedia es mucho más que un recurso para provocar risas: se ha convertido en una forma de comunicar ideas, compartir inquietudes y generar un diálogo honesto con el público.

Cabe destacar que su proceso creativo dio origen a una serie de monólogos protagonizados por animales que, como consecuencia de la urbanización y de las transformaciones provocadas por la humanidad, terminan adquiriendo comportamientos profundamente humanos. De esa exploración nació la obra que actualmente presenta, estrenada en 2022 durante el Encuentro Confluir de Artes Escénicas en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

Desde entonces, la puesta en escena ha evolucionado y encontrado nuevos públicos, consolidándose como un proyecto que privilegia la cercanía con los espectadores. Para Daniela, romper la cuarta pared no es únicamente un recurso teatral, sino una necesidad emocional: “Quiero sentir que no estoy sola. Busco un intercambio constante con el público, un diálogo que confirme que aquello que comparto también resuena en otras personas”.

 

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