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Celebran el Día del Padre Eterno

60 días después de la muerte de Jesús, se celebra el Día del Padre Eterno, fecha en la que realizan el último día de ensayo de la Danza del Calalá en Suchiapa, previo al jueves del Corpus Christi.

Esta danza tradicional, representa el sincretismo con la religión católica, prehispánica y mesoamericana.

Desde temprana hora, los danzantes de los personajes del Venado, la Reinita, el Rey, el Gigante y el Gigantillo, se reúnen con sus ayudantes para adornar los elementos que usarán por la tarde, en el último día de ensayo que llevan a cabo frente a la comunidad.

Antes de esta reunión, previamente han conseguido el material que usarán. Por ejemplo, el danzante del Venado, ha conseguido piel de este animal y bejuco para elaborar la representación tradicional del Venado, sin omitir a los cargadores de palma real, que deberá sujetar firmemente cuando lo anuda.

Mientras se efectúa este acto frente al altar, el músico colmenero constantemente emite un sonido con su instrumento, el sonido camina en compañía del rugir del tambor y el carrizo. El joven que personificará al Venado, salió elegido después de haberse postulado en una Tarja. 

El joven moreno habla poco, tiene la mirada fija, puesto en ese pequeño círculo de bejuco que fue cortado con secreto, durante la luna llena, para que no quedara torcida la circunferencia, ese espacio que le permitirá adentrarse a este personaje importante.

El día domingo en Suchiapa pasa rápido. Decenas de espectadores traspasan la puerta, quedan quietos, en silencio, contemplan una escena tradicional. Miran como el humo del sahumerio vuelve a la casa de techo pequeño el encuentro del pasado y el presente.

Calles atrás, en la casa de Domingo Champo, decenas de personas se han citado para costurar las plumas de gallo, rudimentaria que usará el danzante del Gigante, quien cargará el penacho dónde hay una serpiente tallada en madera, por lo que ese personaje parece ser la representación de la serpiente emplumada de la época prehispánica: Quetzalcóatl.

Estas plumas las reunió durante un año, desde que se anunció que él personificaría este papel junto al Gigantillo, representado por un niño quien debe vestir camisa, pantalón de manta, y quien sostiene un arco en la mano derecha y en el izquierdo un lazo que tiene atado al extremo una esfera forrada de tela, la cual simula la honda y piedra de David. 

Durante la actividad la música tradicional los acompaña, igual que el ruido de la pirotecnia que sube al cielo. 

El sahumerio da un halo del tiempo detenido, ese que se desliza en una hoja sin viento. 

Son las 16:45 horas. El sol se siente muy cerca. Se aprovecha las ramas de los árboles para esconderse del astro solar. Pasa un tractor, luego mototaxis y una mujer en busca de una bebida refrescante. Lleva dos botellas oscuras en la mano. Camina rápido, luego regresa sin el líquido, un poco sudada.

Jonathan, este año es el Rey. Afuera de su casa están las sillas blancas enfiladas. Se apura a alistarse para luego colocarse el traje frente al altar. Entran las dos Reinitas y les colocan el vestido de gala, también la corona. Salen y esperan al danzante que cruza la puerta y se adentra a su papel. Ya no es sólo Jonathan sino la continuidad del ritual importante del pueblo.



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