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Marta Vargas, tesoro humano

 


Marta Vargas, artesana  dedicada a la elaboración de piezas de laca tradicional, oriunda de Chiapa de Corzo, fue nombrada Tesoros Humanos Vivos de Chiapas.

Asimismo, esta distinción se le dio a Hermelindo González, del municipio de Unión Juárez cuya actividad cultural es la difusión de la cultura Mam referente a la música, danza y tradición oral y, Gustavo Morales Morales del Municipio de Berriozábal, cuya actividad cultural consiste en la elaboración de hamacas de ixtle.

Conoce más acerca de una de las artesanas más importantes de Chiapas en este texto.


A la edad de los siete años, Marta Vargas comenzó a aprender el oficio de la laca. Su tía Mercedes distinguida por emplear una técnica fina en la laca, se percató de la necesidad económica que había en la casa de Vargas, por ello, decidió instruirla en esta técnica milenaria.

70 años después, Marta, es una de las laqueadoras más reconocidas en Chiapa de Corzo, Chiapas, por emplear una técnica fina y de calidad, en las piezas ornamentales como jicalpextles, y en  muebles y cofres.


La artesana, nacida en el barrio de San Jacinto, dice que le gusta decorar toles, camarines y cruces con los dibujos tradicionales, como: flores  (alcatraz, amapolas, orquídeas, pensamientos y rosas); pájaros y patos. Aunque refiere que hace muchos años se dibujaban a los dioses.


En su mano sostiene la réplica de un tol que hizo, de una pieza de más de mil años de antigüedad, que encontraron en la Cueva de la Garrafa y permanece en el Museo de Antropología. Es de color ladrillo por fuera y verde agua por dentro.





“Una buena pieza de laca perdura en el tiempo. Por eso le digo a mis alumnos que hagan bien su pieza, y así la laca no se les caiga”, menciona con firmeza.


No obstante, para lograr un producto de calidad, emplea: axe que es grasa animal, el cual se consigue del nin o cochinilla, que se produce en el árbol de jocote. El costo de la cuartilla de este producto está entre los 700 y 800 pesos. Sin embargo, para contar con este producto, ponen a cocer el insecto. Posteriormente, el recipiente queda lleno de aceite, por lo que hay que colar y quitar el cuero. Es necesario contar con este elemento, señala, puesto que, sin él no se podrá hacer laca.


Así también, usa calichi o tierra blanca, el cual deposita en una cubeta con agua y se debe revolver como atole. Con una manta de número 50 lo cuelan, hasta conseguir el tizate. Sobre la pintura, abunda que la manera tradicional es dibujar y pintar con los dedos.

La entrevistada confiesa que de niña no pensó que su vida estaría llena de viajes y reconocimientos:


“No me da pena decirlo. Mi papá nos abandonó, era telegrafista. Estábamos chiquitos. Mi mamá costuraba en la máquina. Mi tía Mercedes, miró la carencia de comida que teníamos. Y como vio que me gustaba jugar tierra (risa),  empezó a enseñarme. A los nueve años yo ya sabía laquear. Y yo ya quería ganar mi dinero”, recuerda.


Por ello, habló con doña Adelfa, quien tenía una tienda de artesanías  donde ahora se encuentra Banamex, en Chiapa de Corzo: “Tía Adelfa, quiero que me dé trabajo. Si no le gusta mi trabajo, no me pague. Y así estuve ganando cinco pesos a la semana, hasta que inicié en mi casa mi taller”.


Marta comparte que su mamá les enseñó a hacer ropa para vender, ramos de novia y piñata, pero ella decidió dedicarse a este oficio que le ha permitido enseñarle a nuevas generaciones desde hace 40 años, con el propósito de compartir sus conocimientos y que la tradición se preserve.


Entrevista realizada en enero del 2018.

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