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Entre libros y memorias


Un libro usado es mucho más que un objeto de lectura, es un testigo del tiempo. Tiene marcas, anotaciones, dedicatorias; guarda dentro billetes olvidados, flores secas, incluso secretos de quienes lo leyeron antes. Es, en cierto modo, una conversación entre lectores que nunca se conocerán.

Así lo entiende Fabián Rivera Juárez, fundador de Libros Tuxtla, una librería escondida en el corazón de la capital chiapaneca, donde los conejos decoran los estantes y el polvo tiene algo de nostalgia. Para Fabián, los libros son puentes: entre generaciones, entre pensamientos, entre memorias. “Un libro es un objeto de vínculo social y de consolidación de comunidades”, dice.

La historia de su librería comenzó con una renuncia, tuvo que vender parte de su biblioteca personal para sobrevivir. “Vendí cosas que no debí haber vendido”, confiesa. Pero de ese desprendimiento nació el espacio que hoy, cinco años después, sigue funcionando como un refugio de historias.

Los libros usados lo acompañan desde joven. Primero en la biblioteca de su tío, luego en Donceles, en Ciudad de México, y más tarde en las calles de Tuxtla, donde comenzó a comprarlos por costales a quienes vendían fierro viejo. Así rescató archivos completos, como el del doctor Isauro Camacho, donde encontró una fotografía de un desfile del Club de Leones en 1964. Una imagen que, más allá de su valor histórico, lo conmueve. “Es algo muy humano”, dice.

Porque eso son los libros usados: objetos humanos. Objetos que, al ser abiertos, no sólo cuentan historias escritas, sino también susurros de vidas pasadas. “Entrar a una biblioteca personal es entrar en la intimidad de una familia”, afirma Fabián. Y esa intimidad es la que resguarda en su librería, donde cada volumen tiene algo que contar más allá de su autor.

En Libros Tuxtla, leer es un acto de rescate. Es excavar entre lo olvidado, escuchar lo que pide ser salvado. Y también, aprender a soltar. Porque para Fabián, desprenderse es parte del ciclo. Soltar para compartir. Compartir para seguir.

En cada libro usado, hay una posibilidad de reencontrarse con un pasado desconocido, de entablar un diálogo silencioso, de encontrar entre las páginas ajenas un fragmento de nuestra propia historia.

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