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Caminar con memoria en Tuxtla Gutiérrez


En el ajetreo cotidiano de Tuxtla Gutiérrez, entre el humo del tráfico, los edificios nuevos y las rutinas repetidas, a veces olvidamos que bajo el asfalto hay historia. Y no una historia muerta, sino viva, latente, esperando ser leída con ojos atentos. Así lo cree Roberto Ramos Maza, director de Patrimonio e Investigación Cultural del Coneculta, quien ha lanzado una iniciativa que no solo propone recorrer la ciudad, sino sentirla: Senderos de la Memoria.

“Tuxtla no es una ciudad sin historia”, afirma con firmeza Maza. “Tiene monumentos, vestigios, arquitectura que contar y una riqueza patrimonial —tangible e intangible— que merece ser reconocida.” Frente a la idea extendida de que la capital chiapaneca es una urbe joven y sin centro histórico, Senderos de la Memoria se plantea como una caminata reflexiva para visibilizar lo que ha sido olvidado. No es un recorrido turístico, sino un ejercicio de introspección colectiva.

El 12 de abril, nueve personas se reunieron a las nueve de la mañana para caminar por la ciudad. Guiadas por Maza —más traductor que guía—, no leyeron calles para orientarse, sino como quien lee un poema. “La ciudad es un texto”, dice él. “Está escrita en banquetas, anuncios, muros, ruinas. Cada rincón conserva una frase del pasado, y nosotros la desciframos con cada paso.”


Caminar, en este contexto, es un acto de resistencia. “Una sociedad sin memoria es una sociedad propensa a las arbitrariedades”, advierte Maza. “Pero una que conserva su identidad puede aspirar a proyectos colectivos más exitosos.” Por eso, más allá de salvar edificios, la iniciativa busca reavivar el vínculo emocional con el entorno, recuperar la noción de pertenencia. Porque solo se cuida lo que se ama, y solo se ama lo que se conoce.

Sin embargo, la tarea no es sencilla. “La comunidad se involucra poco”, lamenta. “Desde la transformación del Parque Central en los años 80, la ciudad perdió espacios de socialización y eso rompió parte de su cohesión social.” Aun así, reconoce que hay signos esperanzadores: jóvenes interesados en arquitectura tradicional y un creciente interés por la memoria urbana.

La ciudad no siempre grita, a veces susurra. Y es en esos susurros donde Senderos de la Memoria invita a detenerse. A escuchar el eco del pasado en una cornisa, a ver el tiempo atrapado en una banqueta agrietada. En una ciudad que se reinventa cada día, caminar con memoria es casi un acto revolucionario. Y como dice Maza: “Conocer nuestra ciudad es, en el fondo, conocernos a nosotros mismos.”


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