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Israel Regalado, de luto, sollozos y quebrantos, pintura de la memoria sublimada

 



Por Francisco Villalobos

La memoria, siempre la memoria, en el humo, en el color y en el óleo de las creaciones de un artista plástico que experimenta y combina técnica, sensibilidad y pasión, a través de la intervención fenoménica de los lienzos en los que encendedores, tiras de ocote, peinetas y tenedores, suavizan y opacan la vivacidad de los colores del óleo; nos narran la realidad, muchas veces, violenta, de un ser consciente en mostrar rostros, flores, calaveras, masacre, luto y cansancio, como metáforas de un presente que nos aqueja a todos.


La obra de Israel Regalado es síntesis  de un contexto fragmentado, somnoliento, en luto constante, de la mexicanidad expuesta a sucesos dolorosos. De los martillazos, las geometrías, los silbidos, los silencios, los ires y venires de un lugar a otro, de las ideas creativas que recorren la mente y la corporeidad del artista, de su sentido de descubrimiento, del pragmatismo en su forma de producción, en su técnica que trata de agotar hasta la última posibilidad de una poiesis circunstancial dictada por el diálogo entre el sentimiento, el tema, los pigmentos y su experiencia de vida.


Se refleja en cada pieza al artista, al hombre y su molestia hacia una humanidad cada vez menos humana. Es retrospectiva de una poética del lamento, del hartazgo y de la necesidad del desahogo.

Así también, nos invita, en cada uno de sus dibujos, pinturas e instalaciones, a ser como la lluvia que lava los rostros, a ser flor de fragante aroma; totalidad del influjo femenino; de la vida, a ser vela encendida, memoria y compañía, para darnos abrigo, para solventar la tensión, la nostalgia y los sollozos de vivir en aceptación cercana al duelo. Regalado nos da la oportunidad de experimentar, a través de su obra, la delgada línea que atraviesa la vida y la muerte, reflejada en sus lienzos que nunca salen ilesos.



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