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El viaje místico en Ajedrecístico

 

La poesía de Matza Maranto, es un constante golpe de luz. Mediante Ajedrecístico, la autora nos lleva entre Líneas a un viaje, con esta propuesta literaria perteneciente a la colección Alas del Sueño de la Biblioteca Chiapas, editado por el Consejo Estatal para las Culturas y las Artes (Coneculta-Chiapas).Así como el poeta español, Federico García Lorca, publicó el libro Un poeta en Nueva York, en donde lleva a los lectores a los rincones más álgidos y desolados de ese sitio, mostrando espacios, sonidos y personajes; Maranto nos plantea un viaje. Un viaje interno, casi místico a través de los ojos y de la piel del viajero. El cual camina, navega, existe, entre los apartados de “La siempreviva” y “La lanzadera”, formando así un total de 24 poemas.


Ajedrecístico, tiene como síntesis vital dos fragmentos del poema Ajedrez, del poeta argentino Jorge Luis Borges, los cuales abren cada apartado. Primeramente, dice:Cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no habrá cesado el rito.Y en “La Lanzadera”:Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonías?Posteriormente, le siguen 14 poemas, casi kinestésicos, el cuerpo del viajero experimentado a través de estas palabras que pertenecen al campo semántico del libro poético: infinito, reloj, instante, dados, reflejo, espejos, tiempo, acertijos, verdad, recuerdo y olvido.En este primer apartado, la poeta, inicia hablando de la casa, “la brevedad del infinito”, sin “rastro de añoranza”. No obstante, hay una búsqueda sobre las posibilidades de la vida, ¿de qué sirve mover la pieza en el tablero?, ¿hacía donde se va antes de caminar?Cito: El viajero ha marcado una línea a través del tiempo. Por cada recuerdo tiró una pieza. No existe jugada alguna para salir ileso. Este lugar soltó una brasa, una comilla de fuego que ha señalado alguna esperanza apuntando al horizonte.Mientras que “La lanzadera”, con 10 poemas, evoca más el instante y el recuerdo. Dos contrarios que surgen a la par de uno y del otro. Nos presenta un viajero con elementos del poema Itaca de Constantino Kavafis.Cito: Cuando emprendas el viaje hacia Itaca, ruega que tu camino sea largo y rico en aventuras y descubrimientos.El viajero de Matza es un descubridor, un cronista del instante, del espacio y el tiempo. Así también un ser que se reconoce y sabe que en él hay otras voces y existe.Cito: En este lugar soy. Los reflejos de esta ciudad se conjugan en todos los tiempos; sé que no habrá salida, el destino está iluminado con una indescifrable belleza. Soy: es mi nombre en todas las lenguas y en todas las tonalidades posibles.Matza abre y cierra los poemas de una manera magistral. Inició como pretexto con la palabra casa, y finaliza con la palabra tablero. Hay una conexión en su discurso poético.Cito: Aquí viví todas mis muertes. Moví las piezas hasta ahogar el tablero…Sabe que menos es más. “No existe hombre más triste que aquél manipulado por la lluvia”. Se nota que los poemas están pensados. Sabe de la hoja, sabe el camino del proceso creativo, sabe de las intenciones y sabe, que la poesía debe ser un golpe de luz. Una luz que contagia a los lectores, y que les va dejando un eco, que cantará en ellos internamente.

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