La coreografía Solo, de Emerson Aguirre, nació de una necesidad íntima: expresar cómo la pérdida de alguien amado puede sacudirnos y dejar un vacío que se traduce en soledad. Para el también bailarín, no se trata únicamente de una ausencia física, sino también espiritual, una experiencia que lo llevó a navegar entre recuerdos y emociones que hoy se transforman en movimiento. En entrevista, reconoce que retomó experiencias y vivencias acumuladas que lo hicieron reflexionar sobre la presencia y la ausencia, convencido de que la danza puede ser un acto de liberación. Interpretar su propia obra en escena significa para él un proceso complejo: trasladar pensamientos al cuerpo y, al mismo tiempo, enfrentarse a la dificultad de ser creador e intérprete. Sin embargo, ese reto se convirtió en un diálogo con su trayectoria previa, marcada por piezas donde aborda temas tristes. Solo se enlaza con esa línea, pero también muestra una evolución en su búsqueda de un movimiento más orgánic...