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Con El tambor de la abuela, Damaris Disner se suma a la colección Alas de Lagartija

 


*La escritora comparte que esta propuesta literaria surgió el año pasado, cuando intentó dar claridad a preguntas que la desbordaban: “¿Qué pasa en todo el transitar de una familia que espera volver a saber de un familiar?

 

La escritora chiapaneca Damaris Disner fue una de las cinco seleccionadas de la Convocatoria Alas de Lagartija, organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través de la Coordinación Nacional Desarrollo Cultural Infantil-Alas y Raíces.

De acuerdo al dictamen realizado por el Comité Editorial, integrado por Cinthia Marisol López Sánchez, Claudia Esmeralda Ríos Rodríguez y Oswaldo Valdovinos Pérez, las obras seleccionadas serán publicadas en formato impreso y/o de manera digital en la página web de Alas y Raíces.

 

El Comité valoró la calidad literaria y claridad narrativa, así como la pertinencia temática que incidan en la reflexión o emoción del público lector, alineados con los valores de Alas y Raíces, como el derecho cultural, la inclusión, la no discriminación y el trato con respeto y dignidad.

 

Para Damaris Disner, escritora, dramaturga, promotora y periodista cultural, ser seleccionada con este poemario narrativo con el seudónimo La brújula “significa tanto para mí. Llevó un proceso de escritura y reescritura. Lo escribí con todo mi amor y respeto a cada una de las mamás que no se cansan de buscar”.

 

Por ello, considera que esta es una gran oportunidad para que más niñeces y juventudes lo conozcan y no deje de escucharse el clamor de madres, hijas y nietas.

 

“Y, por qué no, algún día puede llegar a manos de quienes directa o indirectamente causan este dolor y algo pueda encenderse en su conciencia. Yo no escatimo el poder de la poesía; al contrario, es un fuego que después de encenderse difícilmente se apaga. Celebro que una temática tan profundamente dolorosa haya sido seleccionada. Me llena de esperanza. Siempre creí que el Tambor de la abuela no era solo para mí o para mis más cercanos. Nació de la necesidad de responder a lo incomprensible, de acompañar a las infancias en transitares dolorosos, pero que no aminora su enorme capacidad de imaginar y confiar. Deseo que haya más caminos de poesía, arte, para acompañarlas”, menciona.

 

La autora de Malabarista de Azotea, Las cuentas de Mara y Quién Escucha a los Geckos, comparte que esta propuesta literaria surgió el año pasado, cuando intentó dar claridad a preguntas que la desbordaban: “¿Qué pasa en todo el transitar de una familia que espera volver a saber de un familiar? Pero principalmente ¿qué sucede con las infancias que lo viven de manera cercana? ¿Cómo se deteriora la salud de una persona buscadora? Todas estas interrogantes me llevaron a un texto narrado que paulatinamente se convirtió en un poemario que intenta acompañar respetuosa y amorosamente a quienes atraviesan ausencias forzadas”.

Debido a ello, las temáticas que están inmersos en este poemario son la a ausencia, la desolación, la ternura, “pero también la fuerza invencible, desafortunadamente, de muchísimas mujeres que viven el calvario de no ver volver a sus hijas”.

 

Asimismo, indica que la voz lírica es una niña observadora, valiente, que también teme perder a la abuela en su lucha incansable de encontrar a su hija: “Por eso, con valentía e imaginación, la trae de vuelta al presente. Doloroso sí, pero desde el amor y la fortaleza es más amable. Lo que parece invisible para una sociedad, se convierte en invencible en una familia buscadora”, indica.

 

Damaris Disner considera que la poesía es un refugio seguro, donde te cuestionas todo, pero también te permites explorar respuestas que no buscan complacer a nadie, “tal vez solo hallar un poco de remanso y claridad. Creo que también enciende una flama de esperanza: la poesía es una forma sublime de manifestar justicia social”.

 

Al cuestionarle ¿Qué permite la lectura en las y los niños?, comenta que les permite reconocerse y sentirse orgullosos y orgullosas de sí mismas: “Se conectan a su genuino entusiasmo, a la curiosidad. Eso me parece loable porque dialogan con su entorno desde la reflexión. Lo único que puede acercarnos a una convivencia armónica es vernos en los otros, otras, para cultivar la empatía, la belleza del lenguaje y su capacidad infinita de exploración”.

 

De igual forma, asegura que la única forma de dialogar con las infancias es mediante la honestidad, pues subraya que la niñez tiene una capacidad de recepción fenomenal.

 

“Si tú te acercas con poses, intentando ser lo que no eres impides una conexión real. Justo en este diálogo se da, paulatinamente, el interés de conocer más sobre su entorno. La niñez incrementa su curiosidad innata porque entra en confianza, quiere saber más. Entonces comienza a leer el comportamiento de los demás, a responderse cuestionamientos y es ahí donde el libro puede aparecer para acercarlos a más mundos que continúen proporcionándoles caminos creativos”, puntualiza.

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