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Alicia en el país de las maravillas, contribuye a la formación de públicos


Frente al escenario, Mathilda (Lucero Zavala), una joven de 15 años lee. Sostiene el libro mientras es iluminada con una luz cenital. No hay  escenografía, solo luces frías y cálidas que matizan el inicio de la obra. Atrás de ella está Alicia (Marcela Coral), una niña de siete años, quien luego de unos minutos cae en un pozo.



La caída, duradera y extensa, es acompañada de luces de tonos fríos: verde y azul, recreando así un efecto que provoca que el público descienda con ella hasta lo más profundo del vacío.



De esta manera inicia la obra Alicia en el país de las maravillas, del autor Carol Lewis, adaptada y llevada a escena bajo la dirección de Lennin de Zunún, con la participación de las y los alumnos del Taller de Teatro del Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa y el grupo Ensueño Teatro.

El montaje que dura una hora y 15 minutos y es presentada divida en dos tiempos, cuenta en visuales con Ana Ferral; en la iluminación, Dalí Saldaña; en la música original, Joshua Montesinos y Eduardo Robles (quienes musicalizaron en vivo)  y en el vestuario, Víctor Zavala. 

La obra fue estrenada en octubre del año pasado en el Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa, y luego de seis meses nuevamente fue presentada en el Teatro de la Ciudad, con la asistencia de un 90 por ciento de público que disfrutó no solo de una historia clásica, sino también de la producción de esta puesta en escena y el talento del elenco integrado por 15 jóvenes actrices y actores. 



El director escénico trató de acercar el mundo fantástico de Alicia en el país de las maravillas, con recursos escenográficos y de utilería. La cual recoge elementos muy específicos de las escenas más representativas: los hongos fluorescentes, la reunión de la hora del té, el partido de Croquet con la Reina, las cartas de corazón pintando a las rosas blancas de rojo, corrigiendo así un error que les salvará la vida; la aparición del Gato de Cheshire y el efecto visual donde se percibe a Alicia encogida luego de tomar una pócima; y posteriormente engrandecida por comer un pastelito. 

Para Alicia, caer dentro de un pozo, fue el inicio de un extenso recorrido de sobrevivencia. Mediante este incidente, pone a prueba su destreza y habilidad para poder regresar a lo que llama su mundo y, sobre todo, para evitar ser castigada por la Reina (Camila Calleja).



Durante el desarrollo de la obra, se encuentra con personajes fantásticos, como el señor Conejo, trazados por otras lógicas, que  le replantean su existencia, y la incitan  a caminar consigo misma y adaptarse a estos desajustes, al tiempo a la inversa, a lo que ella identifica como desconocido. En este mundo: Alicia cuestiona y es cuestionada.

Ver Alicia en el país de las maravillas, llevada a escena por Lennin de Zunún, es un acierto para aquellas y aquellos que, después de leer el libro, desean ver en escena la naturaleza de los personajes, observar muy de cerca cómo se concibe ese mundo poblado de palabras; o provocar que se inicien a la lectura quiénes aún no lo han hecho. 



De Zunún presenta una obra familiar, en donde viven una experiencia teatral, que contribuye a la formación de públicos y al consumo de productos artísticos chiapanecos, así como el reconocimiento del trabajo de creadores que se suman con la intención de que la ciudadanía se apropie de espacios donde ocurren propuestas artísticas.

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